Las tensiones han estallado en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán ya que las dos partes permanecen divididas en tres temas críticos: el estatus del Estrecho de Ormuz, las reservas de uranio enriquecido de Irán y el destino de casi $27 mil millones en activos iraníes congelados internacionalmente.
El control sobre el Estrecho de Ormuz genera un punto muerto
Irán ha rechazado una propuesta estadounidense para una supervisión conjunta del Estrecho de Ormuz, insistiendo en retener su autoridad exclusiva sobre la vía fluvial, vital estratégicamente. Teherán ha enfatizado su derecho a cobrar tarifas a los barcos que pasan por el estrecho y considera cualquier compromiso como una amenaza a su soberanía en la región.
Según funcionarios iraníes, cualquier cambio regulatorio sobre la reapertura del estrecho solo se considerará después de que se finalice un acuerdo de paz integral. Esta postura se ve como uno de los principales obstáculos para un progreso rápido en las conversaciones.
Por otro lado, Estados Unidos considera el Estrecho de Ormuz como aguas internacionales y mantiene una postura firme sobre asegurar la libre navegación. El presidente Donald Trump ha afirmado que el paso puede reabrirse rápidamente incluso sin la cooperación iraní.
Trump también ha dejado claro que Irán no podrá imponer peajes al tránsito naval, enfatizando su negativa a ceder en este punto. Esto agudizó el contraste entre las posiciones de Washington y Teherán durante las negociaciones.
Estancamiento en reservas de uranio y activos congelados
En el frente nuclear, Estados Unidos exige que Irán entregue por completo su reserva de casi 900 libras de uranio altamente enriquecido. Washington también quiere que Irán no solo abandone sus iniciativas nucleares actuales, sino que se comprometa a detener el desarrollo de capacidades nucleares a largo plazo.
Aunque Irán ha presentado una contraoferta, todavía no se ha encontrado un punto medio. Los funcionarios estadounidenses perciben las propuestas de Irán como carentes de un compromiso genuino.
Sumando a la disputa, Irán busca compensación de Estados Unidos por ataques aéreos llevados a cabo en las últimas seis semanas. Junto a esto, Teherán presiona por la liberación de alrededor de $27 mil millones en ingresos petroleros congelados en cuentas extranjeras.
Estos activos, supuestamente mantenidos en Irak, Luxemburgo, Bahréin, Japón, Turquía y Alemania, están destinados a la reconstrucción post-conflicto. Los negociadores iraníes ven el acceso a estos fondos como un punto vital en las conversaciones en curso.
Washington sigue siendo reacio tanto al phace de la compensación como a liberar los activos congelados, complicando aún más la perspectiva de un avance en las negociaciones.
Resolver estos tres temas controvertidos parece crucial antes de que se pueda alcanzar algún acuerdo integral. El futuro de las negociaciones depende de los pasos que ambas partes tomarán en las próximas semanas.


